El concepto de bienestar no puede ser abordado de manera idealizada, ya que depende de las condiciones y circunstancias que cada persona vive en su cotidianeidad.
La promoción del bienestar requiere considerar las condiciones materiales, económicas y culturales de las personas, ya que muchos de los ejes de la vida saludable están relacionados con la capacidad de consumo y el tiempo libre.
Las brechas entre la realidad y la idealización del discurso del bienestar son notorias, especialmente en la población que enfrenta largas jornadas de trabajo, bajos sueldos y responsabilidades no remuneradas.