El Diario de San Antonio Treinta mil personas en el Monumental para recibir a un arquero de cuarenta años que hasta hace dos meses jugaba en la segunda división portuguesa. La imagen es potente, es emocionante y dice mucho sobre lo que el fútbol chileno estaba necesitando. Pero también explica por qué tres leyendas del arco albo decidieron salir a poner paños fríos justo cuando la fiesta estaba en su punto más alto. Claudio Bravo fue el más quirúrgico. Recordó que Vozinha no brilló en el…