La creación de la UNESCO en 1945 respondió a una urgencia histórica, pero su visión inicial de patrimonio era restringida y centrada en monumentos y sitios históricos vinculados a las élites políticas y culturales.

Con el paso de las décadas, la noción de patrimonio comenzó a ser cuestionada, abriendo nuevas preguntas sobre qué merece ser preservado y quién define ese valor.

El patrimonio dejó de entenderse únicamente como objeto y pasó a ser comprendido como una herencia viva, que incluye la memoria colectiva, las formas de vida y las culturas enteras.