En un entorno marcado por la complejidad social y la incertidumbre, la educación superior se enfrenta a la pregunta crucial de si está formando profesionales capaces de pensar críticamente y no solo actuar.

Una investigación reciente en Chile destaca la importancia de las prácticas reflexivas en el ejercicio profesional, demostrando que la capacidad de reflexionar sobre la propia acción mejora la calidad de las intervenciones y fortalece la toma de decisiones.

La reflexión permite a los profesionales comprender mejor las situaciones que enfrentan y construir respuestas más pertinentes frente a problemas complejos, pero también enfrenta la tensión de ser desplazada por la urgencia y la presión por resultados inmediatos.