El Diario de San Antonio Hay una luz que se apaga cada tarde en las escuelas de Chile. No es la del último interruptor antes de cerrar una sala de clases. Es la luz de un profesor que, después de años intentando cambiar vidas, comprende que ya no le quedan fuerzas para seguir iluminando la de los demás. Ese momento ocurre en silencio. No hay despedidas ni titulares. Solo un escritorio vacío y estudiantes que, al día siguiente, descubrirán que quien los conocía, los escuchaba y creía en ellos…