La crisis del suicidio adolescente en Chile sigue sin ser abordada con la urgencia que requiere. Según datos recientes, el aumento del 31% en el suicidio adolescente tras la pandemia y del 68% en mujeres jóvenes es solo el reflejo de una problemática estructural que no está siendo enfrentada a tiempo.
La magnitud de esta tragedia tiene raíces profundas y una trayectoria alarmante. Entre 2002 y 2024, el alza en los indicadores de suicidio adolescente se incrementó en un 122%, una cifra que no ha tenido la difusión necesaria.
La pregunta ya no es estadística, es ética: ¿cuántos nombres más faltan para que esto sea una urgencia real? La falla se agudiza en un sistema escolar que hoy expulsa a sus miembros, con cerca de 45 mil estudiantes desertando solo en 2025.