En un mundo cada vez más inhumano, donde la posesión y el tener parecen ser la única meta, es hora de recordar que la verdadera riqueza radica en darse y donarse. La humanidad necesita humanizarse, permanecer en su propia identidad de ser humano y no endiosarse ni mercantilizarse. La solidaridad y el diálogo abierto son el verdadero avance humanitario. Debemos dejar de engañarnos y eclipsarnos por un mundo que no entiende nada más que de poseer y tener, y recordar que lo vital radica en darse y…