Las autoridades parecen confundir la investigación científica con la mera generación de empleo, olvidando su verdadero propósito: generar conocimiento, pensamiento crítico e innovación. La investigación es un viaje bello y solitario que sostiene el andamiaje de la civilización.

Reducir la labor científica y humanista a la mera generación de empleo es no entender sobre el rol histórico de las universidades en el desarrollo de las sociedades. La universidad no es una oficina de colocación de empleos de lujo, sino el espacio donde se gesta el pensamiento, la cultura, la ética y el futuro de una nación.

Es inquietante la ligereza con la que se aborda el tema, olvidando que hablar seriamente de investigación requiere haber habitado el rigor del proceso. No se trata de leer resúmenes ejecutivos, sino de conocer la fatiga del campo y la angustia de los datos que se manejan.