La producción de videos corporativos ha cambiado drásticamente en los últimos años. Lo que antes requería semanas de rodaje, permisos burocráticos y una gran cantidad de personal, ahora se puede hacer con un computador competente y unos pocos prompts bien afinados.
Un productor audiovisual me mostró recientemente una serie de piezas hechas íntegramente con inteligencia artificial para una empresa minera. Lo que antes habría costado millones y obligado a asegurar operaciones riesgosas, ahora se resuelve de forma rápida, económica y eficiente.
La discusión sobre IA no tiene que ver con tecnología, sino con cultura, trabajo y poder. Mientras algunas industrias comienzan a integrar herramientas generativas en sus procesos, otros defienden el valor irreductible de la experiencia humana en el arte.