En un mundo donde las publicaciones pueden cruzar continentes en segundos, la traducción automática se ha convertido en una herramienta indispensable en las redes sociales. Sin embargo, esta inmediatez tiene un costo: lo que se gana en velocidad, muchas veces se pierde en sentido.

Las redes sociales no son espacios neutrales ni formales, sino territorios profundamente marcados por una oralidad digital esencialmente cambiante y dinámica. La traducción automática tropieza en este contexto, ya que no puede captar la complejidad de los memes, las ironías, los dobles sentidos y las referencias culturales que son fundamentales en la comunicación digital.