Las lluvias intensas que ocurrieron en el invierno y que siguen extendiéndose en primavera, pero con menos estragos, han sido vistas con preocupación entre quienes trabajan en el combate de los incendios forestales. Esta condición climática, marcada por la influencia de El Niño, incide en el alto crecimiento de la vegetación que, al llegar las altas temperaturas del verano, se seca con rapidez y actúa como vector de propagación del fuego. Los expertos han advertido que las precipitaciones…