El reciente cambio de gabinete en el Ministerio de Seguridad Pública de Chile abre una ventana de oportunidad para abordar el crimen organizado transnacional de manera estratégica. Aunque se han logrado importantes decomisos de drogas, persiste la necesidad de consolidar una política de Estado que aborde las amenazas complejas y dinámicas que enfrenta el país.
El narcotráfico, el contrabando, la trata de personas, el tráfico ilegal de armas y el lavado de activos requieren una aproximación estratégica que permita identificar, dimensionar y priorizar los riesgos que afectan la seguridad y gobernabilidad del país. El nuevo ministro, Martín Arrau, enfrenta el desafío de avanzar hacia un modelo de seguridad basado en el control territorial, marítimo y aéreo, fortaleciendo la coordinación interagencial y articulando eficazmente a las instituciones y programas del sistema de seguridad pública.